Con…Fines
Políticos
Por Francisco Ortega Hernández
Los altos
vuelos de la Chimoltrufia de Coronango: un líder charro y la hermana de la
Senadora BAR
La Chimol
resultó ser la “EMPERADORA DEL NEPOTISMO”
Como todo cuento de Hadas, la
Chimoltrufia de Coronango; la Chimol, pá los cuates, también tiene su
príncipe azul, por llamarle de algún modo, es fácilmente identificable, es un
líder charro, si, de esos que abundan en la FTP; se presume que fue uno de los muchos traidores al PRI en la derrota de
2010; claro, sin dejar de lado, al que mayor culpa tuvo en ello, “el Mixteco”.
Bueno, esa especie de Rey de
Chocolate y nariz de cacahuate,
esto último, como huella indeleble de su afición al chupirul, y vaya Usted a
saber a qué otras cosas; por su cercanía con el que manda en la entidad, logró
que la Chimol cumpliera su sueño de ser la mera, mera en Coronango.
Aaaahhhh, pero todo eso tiene un costo; y que costo para el erario de
Korea –Coronango- Imagine Usted el salario para la hermana de una Senadora y la
asignación de obra.
Para cuánto le gusta el salario diario de la fraterna de la legisladora,
para cien pesos, ja, ja, ja, para mugrosos mil pesos, y tener que saludar a
toda la plebe. Francamente, no lo creo, mucho menos para alguien que ha gozado
las mieles de los privilegios del poder.
Sin embargo, ahí no para el despilfarro del erario, pues la Chimol
resultó muy generosa con la familia; es más, hay tal nepotismo en la Comuna,
que la señora o señorita de “marras” ya se le dice “LA EMPERADORA DEL NEPOTISMO” Hay quien asegura que al menos son
doce consanguíneos de la Chimol los que maman del dinero del pueblo.
Pero eso sí, cuándo se le pregunta por la ausencia de obra, la Chimol,
rauda y veloz responde “la anterior
administración dejó las arcas vacías” “No hay dinero” Bueno hay quien asegura
que tandea la entrega de vales de gasolina.
Ya hay quienes añoran los tiempos de Efraín Titla Galicia, quien resultó
todo un pillo, briago y mujeriego; empero, con sus desatinos era la comidilla
del pueblo; en tanto, la Chimol no llega ni a eso, pues la hipocresía de con la
que actúa ya llenó de piedritas el hígado de sus gobernados.






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