jueves, 12 de diciembre de 2013

Lalo Rivera, el más sometido

Es de muy Buena Fuente

Por: Carlos Macías Palma
@cmaciaspalma

Lalo Rivera, el más sometido

Si algún presidente municipal de Puebla en la era moderna (los últimos 30 años o los últimos 10 trienios) ha sufrido verdaderamente los embates, caprichos, ataques, ignorancia, enfrentamiento y groserías de su gobernador en turno, ese es nada más y nada menos que el Maestro Eduardo Rivera Pérez.

Sin equilibrios políticos en el Estado y sin nadie que le proteja o al menos ayude en la federación, Rivera Pérez se tambaleó los tres años de su mandato que está por terminar. Víctima de majaderías, sobajado y humillado por uno de sus compañeros de partido político, o sea el gobernador del Estado, el alcalde sí que ha sufrido a su gobernador. El clímax de la humillación fue aquel 15 de septiembre del 2011 cuando no lo dejaron salir al balcón del Palacio Municipal para acompañar en el Grito de Independencia.

Y como esas muchas más: Rivera no decide sobre las obras importantes en la ciudad, apenas y le dejan el bacheo, la limpieza de jardines y los gimnasios al aire libre; Rivera no decide sobre el presupuesto para las inversiones de obras de postín, apenas y le dejan la nómina y el gasto corriente; Rivera no decide en la política del municipio donde mandan el gobernador, ahora el alcalde electo y los diputados morenovallistas, apenas y le dejan nombrar a sus funcionarios.

Rivera está atado de manos y pies. Todos los días recibe presiones, lo regañan por el atraso en las obras, le ordenan qué hacer y hasta el menú en las fiestas municipales le deciden desde Casa Puebla. Ninguneado, manipulado y excluido de las decisiones de gobierno, el edil poblano ha sido opacado, más y más, por la figura de Antonio, Tony, Gali.

En su partido, Acción Nacional tiene presencia pero prácticamente honoraria. Lo reconocen como uno de “santones” o “vaca sagrada”, aunque nada influye en los comités nacional,  estatal o municipal. Por ahí le regalan migajas en las candidaturas y con eso lo tranquilizan.

Eduardo Rivera Pérez está indefenso ante el inmenso poder del gobernador.

En la historia reciente se han registrado enfrentamientos, roses o diferencias entre alcaldes y gobernador, pero nada como ahora. Ni Mariano Piña con Guillermo Pacheco Pulido o Marco Antonio Rojas Flores; ni Manuel Bartlett con Gabriel Hinojosa; ni Melquiades Morales con Mario Marín; ni Marín con Enrique Doger o Blanca Alcalá.

El Verdugo

Por allá del año 1991 el alcalde Marco Antonio Rojas Flores reventó contra las presiones de un grupo de funcionarios comandados por Alberto Jiménez Morales. Entonces, alentado y convencido por Rafael, “el negro”, Ramírez presentó su renuncia a Mariano Piña Olaya. No Marco, déjame poner orden le dijo el gobernador y se acabó el problema. El Verdugo dice: si Rivera presenta su renuncia, se la aceptan de inmediato.


Gracias

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